2002 – ¿Periodismo en crisis o periodismo en la crisis? En defensa del periodismo

¿Periodismo en crisis o periodismo en la crisis? En defensa del periodismo
Diego Levis, agosto 2002 / Artículo inédito

La crisis parece abarcarlo todo. En crisis todo resulta más oscuro, más difícil. El día a día nos angustia, y cuando miramos hacia delante vemos un largo callejón oscuro que presumimos sin salida. Los diarios, los programas periodísticos en radio y televisión dan a conocer cada día, a cada momento, nuevos motivos para el desasosiego. Los argentinos tenemos la sensación de que nada de lo que pueda suceder es bueno. Muchas veces atribuimos nuestro pesimismo a los mensajes que recibimos de los medios de comunicación.
A esto contribuyen algunos periodistas de renombre que parecen encantados en asumir la función de portavoces del caos y la desesperanza. Hay quienes utilizan a las víctimas del hambre y de la violencia como reclamo para conseguir mayor audiencia y hay quienes se ríen en cámara de las necesidades de quienes revuelven bolsas de basura para comer. Unos y otros olvidaron que el periodismo es básicamente un servicio público, fundamental para la vida en democracia. Por suerte, son muchos más los periodistas que hacen su trabajo sin caer en prácticas de este tipo, más cercanas a la lógica del espectáculo que al de la información.
Recordemos que la materia de la información son los hechos, pero que ninguna información es el hecho en sí mismo, sino una construcción narrativa en la que se subrayan algunos aspectos del acontecimiento en detrimento de otros. Esta es la naturaleza del relato periodístico. Del mismo modo, los editores de una publicación periodística, de un programa de radio o de televisión, eligen que sucesos merecen atención informativa y cuales no. De este modo, los medios construyen la realidad periodística que no es nunca, no lo puede ser, un espejo fiel de la realidad factual.
Los medios de información, mas allá de su carácter comercial, tienen la enorme responsabilidad social de revelar los acontecimientos y decisiones relevantes para la comunidad a la que se dirigen. Su principal compromiso es no mentir.
Esta responsabilidad los hace susceptibles de presiones de distinto tipo y origen que persiguen conseguir alguna forma de influencia y control sobre sus contenidos. Esto da lugar a maniobras de intoxicación y de propaganda que unidas a la mala praxis de algunos periodistas propensos a buscar protagonismo personal, pueden ocasionar, y de hecho lo hacen, actitudes de rechazo al periodismo en general. Injusta respuesta a una actividad que a pesar de sus excesos y limitaciones – en época de crisis, muchas más de las deseables – ha servido y sirve como defensa de derechos sociales fundamentales.
El único verdadero poder del periodismo es dar a conocer lo que sucede y ayudar a develar lo oculto. Esto no niega la existencia de un periodismo que ha sido y es contrario al interés público, que abusando de la credibilidad que se le supone, hace de la mentira una norma. Al fin y al cabo el periodismo es una actividad ejercida por empresas y personas que pertenecen a una determinada sociedad, con sus virtudes y miserias. En el caso del periodismo argentino, a una sociedad en crisis.

Ideas para ampliar:

  • Los medios de comunicación nos proporcionan un flujo continuo y creciente de datos.
  • Los datos en bruto no son información. Es necesario tratar los datos, procesarlos e interpretarlos para que adquieran sentido.
    La actualidad y la pertinencia de la información son demandas evidentes.
  • Necesidad de discriminar fuentes (credibilidad) y temas de interés. Riesgo de quedar bajo una montaña de datos e informaciones irrelevantes para nosotros. Desinformación por exceso de información.
  • La sociedad (organizaciones e individuos) necesita para su funcionamiento (y supervivencia) tener acceso rápido al máximo posible de información pertinente a sus actividades e intereses.
  • Los plazos son cada vez más cortos .