2000 – Las imágenes hipnotizan

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Miércoles 04 de octubre de 2000 – Informática 2.0, Clarín
Diego Levis

Las imágenes hipnotizan

El hecho de que miles de usuarios de Internet pasen muchas horas al día frente a la pantalla de su computadora consultando su e-mail, buscando información sobre cualquier tema sin demasiada importancia para sus vidas, mirando páginas pornográficas, jugando o participando en chats, ha hecho que especialistas de diferentes países hayan empezado a preocuparse por el tema y, en ciertos casos, a prestar atención clínica a los afectados.
¿Pero, cabe realmente hablar de una afección específica de Internet? ¿Existen muchas diferencias entre quien pasa diez horas por día navegando por la Web con el que está todo el día mirando televisión? Exceptuando la diferente actitud que promueve cada aparato -la computadora, actividad y el televisor, pasividad-, ambos atrapan por el brillo centelleante de una pantalla.
La pantalla, falsa ventana, actúa como filtro entre nosotros y la realidad, como un biombo que en demasiadas ocasiones nos impide percibir lo que nos rodea. Acostumbrados a ver el mundo a través de una pantalla, cada vez nos cuesta más ver a nuestro lado, mirar a nuestros semejantes. En la pantalla, como si fuera el espejo de la bruja de Blancanieves, buscamos respuestas sobre aquello que somos y deseamos ser, sin darnos cuenta de que lo que nos devuelve es una imagen deformante que sólo nos dice lo que creemos ser.
Nos conmueven los refugiados de todas las guerras y hambrunas que nos muestran las pantallas, pero le damos la espalda al sufrimiento que tenemos en nuestro entorno inmediato. Las pantallas nos asedian y nos atrapan, y hay a quienes les sirven de refugio ante una vida que les resulta poco atractiva y, a veces también, amenazante.
Horas frente al televisor viendo películas, noticieros, partidos de fútbol, telenovelas y muchos anuncios; horas ante la computadora jugando, chateando, buscando y generando información, mirando páginas web, participando en foros de debate, escribiendo y leyendo e-mails; en todas partes, todos pasamos horas acompañados por la presencia luminosa de una pantalla. Pantallas en casa, pantallas en el trabajo, pantallas en la calle, en los bares, en los bancos, en el subte, en el coche y en el supermercado, pantallas de bolsillo en las agendas electrónicas, en las calculadoras. Las pantallas nos seducen ocupando un espacio creciente de nuestro tiempo, de nuestras vidas.
Importa poco el medio, lo determinante, lo significativo es la atracción casi hipnótica que ejerce sobre nosotros una pantalla encendida. La pantalla acerca pero también separa. En Internet, poderoso medio de comunicación, esta paradoja implica el peligro de crear una ilusión de comunicación total que lleve al aislamiento en la compulsiva, conmovedora búsqueda de algunos usuarios por estar siempre conectados, es decir comunicados. ¿Adicción?

Diego Levis es doctor en Ciencias de la Información. Autor del libro La pantalla ubicua.

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