2000 – Bertelsmann rompe el juego de las discográficas y pacta con Napster vender música en Internet

Publicado en El País, Madrid, 1 de noviembre de 2000
Bertelsmann rompe el juego de las discográficas y pacta con Napster vender música en Internet
El acuerdo, anunciado ayer en Nueva York como “alianza estratégica”, conmociona el mercado

ISABEL PIQUER, Nueva York
Hay una forma de vencer al enemigo: unirse a él. Bertelsmann, el gigante alemán de la comunicación, anunció ayer que se retirará del caso Napstery utilizará esta popular pagina web de contenidos musicales -que se convertirá en un servicio de abonados- para difundir su catálogo por Internet. Es el último episodio de la batalla que desde el verano enfrenta en un tribunal de San Francisco a este servidor, que ha conseguido 38millones de usuarios, y a la industria discográfica norteamericana, que le acusa de violar las leyes sobre derechos de autor. Los directivos de Bertelsmann y Napster hicieron públicos ayer en Nueva York los detalles de esta “alianza estratégica” que ha conmocionado el mundo de la música.
Gracias al apoyo técnico y financiero del gigante alemán, la página web se convertirá en un servicio de abonados, donde el internauta deberá pagar una cuota fija mensual (4,95 dólares, unas mil pesetas) para acceder de forma ilimitada a los archivos musicales que hasta ahora podían descargarse gratuitamente.
Es una solución salomónica que conviene a las dos partes. David se ha aliado con Goliat. A cambio de perder algo de su alma, Napster consigue el respaldo de una de las discográficas que hasta ahora había pedido su cierre. Bertelsmann, por su parte, reconoce que la difusión de la música por Internet es imparable y soluciona así el problema de los royalties para los artistas y los sellos discográficos.
Napster.com es un servidor que conecta bilateralmente ordenadores para descargar gratuitamente un contenido musical, en MP3, un formato que comprime la grabación digital en pequeños archivos que pueden intercambiarse en la red. Napster no cobra cuotas ni tiene beneficios.
El gigante alemán se desmarca así del resto de la industria que el pasado verano casi consigue, en una sentencia judicial que luego fue revocada, la desaparición de este pequeño servidor, invento de un estudiante de 19 años, Shawn Fanning. El resto de los demandantes que componen la Asociación Discográfica de América (en inglés RIAA), Seagram, Universal Music, Emi y Sony, entre otros, no se habían pronunciado todavía anoche sobre la traición de uno de los suyos. El único comentario provino de Time Warner. Un portavoz de esta compañía se refirió al acuerdo como “un paso positivo para la industria musical”.
Llamamiento
Tanto Bertelsmann como Napster han hecho un llamamiento al resto de la industria para que se apunte al acuerdo. “Ésta es una oportunidad para abrir nuevos mercados. Invitamos a todos a que participen en este esfuerzo”, dijo Andreas Schmidt, presidente de Bertelsmann Ecommerce Group, en la conferencia de prensa que tuvo lugar en Nueva York. De hecho, algunas discográficas, como es el caso de la Universal, ya han intentado lanzar por su cuenta un servicio de música por Internet muy similar al de Napster. “Es un hecho ineluctable, alguien tenía que dar el primer paso y hemos sido nosotros”, dijo Schmidt.
La situación es ahora un poco más complicada que antes. Bertelsmann seguirá formando parte del caso contra Napster hasta que se formalice el acuerdo “dentro de unos meses, lo antes posible”, dijo su presidente, Hank Berry. El gigante alemán, después de lo que calificó de “intensas negociaciones”, se ha comprometido a otorgar un préstamo a Napster (no se han dado cifras) para desarrollar el nuevo servicio de abonados. A cambio, el servidor entregará un porcentaje de sus ingresos, en torno al 60%, a la discográfica. Cuando se haya resuelto el aspecto técnico del pacto, Bertelsmann permitirá entonces el acceso por Internet a su catálogo, que incluye a artistas como Whitney Houston o Carlos Santana.
La empresa alemana no teme que esto pueda afectar a sus ventas directas. “Más bien al contrario”, comentó Schmidt. “Compartir archivos entre varias personas ha despertado la imaginación de millones de usuarios por su facilidad, sus amplios contenidos y su sensación de comunidad. Napster ha apuntado en la buena dirección para distribuir música y creemos que formará la base de un nuevo e interesante negocio en esta industria”, dijo Thomas Middelhoff, presidente de Bertelsmann, en un comunicado oficial.
“Napster seguirá siendo Napster”, dijo ayer en Nueva York su presidente, Hank Berry. “No podemos evitar que la gente siga intercambiando música a través de Internet, al menos así les aseguramos una mejor calidad en sus archivos musicales. Nuestro formato no cambiará”.
Mientras tanto, el caso sigue. A principios de octubre, el juez del tribunal de apelaciones de San Francisco decidió aplazar la decisión unos cuantos meses, sin fijar fecha, a la espera de que la industria solucionara su contencioso fuera de los tribunales.

En busca de un nuevo modelo de negocio para la Red
F. J, Madrid
Los primeros análisis de este acuerdo entre BMG y Napster van del entusiasmo al cauto optimismo. “Es un primer paso muy importante hacia el desarrollo de un mecanismo apropiado para el sistema de intercambio de ficheros que inició Napster y que puede ser utilizado por la industria”, ha comentado Chris Dixon, analista de Paine Webber.
“No hay duda de que Napster, con más de 35 millones de usuarios, representa la aplicación paradigmática, y Bertelsmann, con su búsqueda de una plataforma económica, ha encontrado en ella una forma fantástica de acelerar la adopción de un nuevo mecanismo de distribución para la industria musical”, informó Dixon a Reuters. Dixon añade que el reto será encontrar la estructura apropiada para un modelo de negocio. “El asunto es saber si han dado o no con un modelo de negocio y si los otros sellos se van a subir a bordo”.
Al cierre de esta edición, sólo Time Warner había reaccionado, tibiamente, al mazazo de la competencia. Un breve comunicado aprobó la intención de la alianza y dijo que ésta demostraba que la industria se estaba movilizando claramente al método de la suscripción para que queden protegidos los derechos de propiedad intelectual de los creadores y las licencias de los productores. No hubo otros comentarios sobre la intención de Time Warner de unirse a la iniciativa de Bertelsmann.
Ric Dube, de la empresa de investigaciones de Internet Webnoize, no ve que todo vaya a ser tan fácil. Según él, hace falta ver cuál será la reacción de las otras compañías musicales. “La ventaja de Napster es que es fácil de usar y de acceso sencillo. La gente no va a querer usar un servicio si se ponen algunas restricciones”, como las que podrían derivarse del cobro por suscripciones y el control para el pago de derechos de autor.
Opiniones más suspicaces también se han hecho escuchar ayer entre los especialistas. “No es la tecnología lo que persiguen las casas discográficas, es la marca de Napster y su enorme base de consumidores”, afirma Aram Sinnreich, de Júpiter Media.
La guerrilla de la música industrial llega a su fin con esta alianza y pueden estarse proyectando las señales más claras de la necesaria convergencia entre la venta tradicional de música y el comercio electrónico.

Después de los abogados, la imaginación
TOMÁS DELCLÓS, Madrid
La industria audiovisual siempre ha reaccionado igual ante la emergencia de nuevas tecnologías. Primero envía a sus abogados, y luego, ante la evidencia de lo imparable, busca un modelo de negocio que aproveche los nuevos soportes. Pasó con los editores de partituras que quisieron tumbar las pianolas con tarjetas perforadas. Y pasó con Hollywood, que intentó la condena judicial de las grabadoras de vídeo.
Las discográficas se han querellado con Napster.com pero, al mismo tiempo, han empezado a pensar en sus propias alternativas de comercio para distribuir por Internet sus archivos musicales.
Universal y Warner han suscrito un acuerdo con Loudeye para digitalizar sus archivos. Sony proyecta aprovechar su consola Play Station 2 para ofrecer descarga de temas musicales. Universal ha hecho este mes una prueba piloto con 5.000 usuarios que podían descargar 20.000 títulos de su catálogo para rodar una próxima fórmula de suscripción. Muchas discográficas, en sus propios sitios o en escogidos portales, han puesto a la venta la descarga de algunos álbumes o canciones. EMI, por ejemplo, lo ha hecho con el último trabajo de Radiohead. AOL lanza un servicio de pago para descargar canciones tras ver que Napster.com conseguía nueve millones de usuarios en seis meses, algo que al potente portal norteamericano le costó un decenio. Universal, BMG, Warner y Sony apoyan el nacimiento de Musicbank, que permitirá la audición de una canción vía streaming (un sistema que impide la grabación del archivo) cuando el usuario demuestre que ha comprado el CD; es decir, como MyMP3.com, pero con las licencias en regla.
Reto difícil
La búsqueda de nuevas fórmulas no es sencilla. El fenómeno de la descarga gratuita de archivos musicales de un ordenador particular a otro ordenador particular se ha multiplicado con nuevas fórmulas, mucho más horizontales que Napster. Mientras éste centraliza en su sitio la búsqueda, otros servicios, como la extensa familia Gnutella, ni tan siquiera centralizan la lista (un ordenador llama a otro, y si éste no encuentra el archivo deseado, busca en otros hasta dar con la máquina particular que tiene disponible la canción deseada). Y todo ello sin que medie pago alguno porque, según sus defensores, se trata de un intercambio desinteresado de temas musicales y no de una venta. Es lo que se llama el P2P (de amigo a amigo), una tecnología que algunas compañías quieren aprovechar en otros sectores del comercio digital.
Otras dificultades en el horizonte: introducir la cultura de suscripción a un catálogo y no a la compra de un álbum concreto o negociar con los artistas los derechos, porque las discográficas ostentan los derechos sobre la grabación (el CD), pero no sobre la composición.