1999 – “Cómo vivirá el ser digital”- por N.Negroponte

COLUMNA DE OPINION DEL SUPLEMENTO INFORMATICA DE CLARIN DEL 20/1/99

Cómo vivirá el ser digital

Por NICHOLAS NEGROPONTE
informatica2@inf.clarin.com.ar

A veces, definir el espíritu de una época puede ser tan sencillo que basta con una sola palabra. Para la nuestra, esa palabra es “digital”. La forma literal de lo digital, la tecnología, ya está empezando a ser dada por supuesta y el concepto que la sustenta llegará a ser un componente más de las nuevas ideas comerciales y culturales. Como el aire y el agua potable, el ser digital se notará sólo por su ausencia, no por su presencia. Las décadas que se avecinan serán un período de expansión de la biotecnología, de dominio de la naturaleza y de concreción de colonias en otros planetas. En el aspecto tecnológico, lo más importante será el manejo del ADN por computadora, los microrrobots y las nanotecnologías.
Las computadoras, tal como las conocemos hoy, serán aburridas. O directamente desaparecerán y se convertirán en otras cosas: camisas autolimpiantes, automóviles sin conductor, muñecas Barbie terapéuticas o picaportes inteligentes que dejarán entrar al cartero y salir al perro.

Las computadoras constituirán una parte enorme pero invisible de nuestra vida cotidiana: viviremos en ellas, las llevaremos puestas. Como seres humanos, tendemos a sospechar de todas las personas que no se nos parecen, que no se visten ni actúan como nosotros, porque nuestro campo inmediato de visión incluye gente más o menos como nosotros. Pero en el futuro, las comunidades formadas por ideas serán tan fuertes como las formadas por imperio de la proximidad física. Los niños no conocerán el significado de la palabra “nacionalismo”.

Las naciones se desgastarán, porque no son lo suficientemente grandes para ser globales ni lo suficientemente pequeñas para ser locales. La vida evolutiva de la nación-Estado será mucho más corta que la del pterodáctilo. Se sabe con certeza que tendremos un planeta unificado, pero no se sabe cuándo.

Todas las cosas digitales se tornan al mismo tiempo más grandes y más chicas; y las del medio desaparecen. Veremos aumentar las enormes corporaciones, los aeroplanos, los hoteles y las cadenas de diarios, al mismo tiempo que asistiremos a un aumento de la cantidad de compañías pequeñas, aviones privados, hosterías familiares y boletines de noticias sobre los temas más sorprendentes.

Desde un punto de vista empresarial, el único valor que tendrá ser una compañía grande será la capacidad de perder miles de millones de dólares antes de haberlos ganado. Todo negocio que no esté abierto las 24 horas será no competitivo. Además, todos viviremos vidas muy asincrónicas y la dependencia mutua será mucho menor.

Se redefinirán la vejez y la niñez. Los niños serán actores más activos, aprenderán haciendo y enseñando, no obedeciendo. La jubilación desaparecerá como concepto y la vida productiva se prolongará, sobre todo según la propia medida de cada uno.

Hasta ahora, el concepto de soberanía se basó en la tierra. Por eso, muchas matanzas ya no podrán acontecer en un mundo donde los terratenientes serán mucho menos importantes que los maestros de Internet.

El verdadero lujo de la vida consiste en no poner un reloj despertador y quedarse en pijama todo el tiempo que uno quiera. De ello se desprende un total renacimiento de la vida rural. En un futuro distante, la necesidad de que existan ciudades habrá desaparecido. Trazaremos nuestros límites en el ciberespacio, no en la arena. Ya hoy, la pertenencia a una cultura digital vincula más fuertemente a las personas que los lazos territoriales de la geografía.

Pregúntese por lo básico, por el agua, el aire y el fuego. ¿Se acuerda del juego de las 20 preguntas? Se empieza con un indicio sobre si el interrogado está pensando en un animal, un vegetal o un mineral. Yo estoy pensando en ceros y unos.