1998: El reparto mundial del conocimiento: “El gran debate mundial”

Publicado en agosto de 1998 en el diario Página 12 (Bs.As., Argentina)

El  reparto mundial  del conocimiento: “El gran debate mundial”
La globalización económica impone sus reglas. Una de las más drásticas es el continuo aumento de las brechas sociales y culturales. El control  del conocimiento no escapa a este proceso de concentración en el que se entierran muchas esperanzas de igualdad y justicia.  Según diferentes estudios, el 20% más rico de la población mundial acapara entre el 90 y el  94% de los conocimientos. Pero no debemos resignarnos. No hay por que renunciar a pensar un mundo diferente. Existen alternativas, afirma en la entrevista que sigue el jesuita nicaragüense de origen español Xavier Gorostiaga, experto de Naciones Unidas, quien nos recuerda que “hoy la lucha ideológica más importante en el mundo es la lucha por la educación. El tema es quién controla la intensidad del conocimiento.” 
XABIER GOROSTIAGA, EL SACERDOTE JESUITA QUE SUEÑA CON EL CAMBIO“Los partidos actuales no le sirven a la sociedad civil”

Asesoró al gobierno panameño durante las negociaciones con Estados Unidos por el traspaso del canal, provocó una conmoción en el Vaticano cuando se incorporó al gobierno sandinista junto con otros religiosos, ahora analiza la relación entre educación y desarrollo en el Boston College. “Hay reticencia de hablar con los poderosos –asegura con la misma naturalidad con que conversa con políticos y empresarios así como con indígenas o campesinos de todo el mundo–, pero hay que hablar con todos.” Le preocupa la creciente desigualdad, tanto de ingresos como del conocimiento –por eso se dedica a estudiar la educación como campo estratégico– y analiza las nuevas alternativas “desde abajo” que enfrentarán a la “globalización desde arriba”. 


Por Washington Uranga  

Entre 1971 y 1975 fue asesor del gobierno de Panamá en las negociaciones con Estados Unidos por la devolución del Canal. Entre 1979 y 1981 el triunfante Frente Sandinista de Nicaragua lo convocó para ocupar la estratégica plaza de Director de Planificación del gobierno de Daniel Ortega. “Renuncié a tiempo”, dice. “No estaba de acuerdo con lo que se estaba haciendo. Pero seguí apoyando al sandinismo por la razón fundamental de que tenía la revolución sandinista en medio de todos sus errores. Y ante la agresión de (Ronald) Reagan, yo creí que no cabía otra opción ética”. Xabier Gorostiaga estudió filosofía en Ecuador, teología en su tierra natal, el País Vasco, y el doctorado en economía en Inglaterra, donde presentó su tesis en 1976. Lleva pasaporte nicaragüense. “Hace 40 años que estoy en América latina y metido en qué bailes…” y agrega que “en España me siento extranjero” aunque su acento todavía delata su origen y él mismo se define como “ciudadano planetario”. Científico riguroso y ampliamente reconocido en el mundo académico y político internacional, se sienta a dialogar con los banqueros, los políticos y los empresarios con la misma naturalidad con que lo hace con los indígenas y los campesinos centroamericanos.

Muchos de sus interlocutores se sorprenden cuando conocen que Xabier Gorostiaga es sacerdote católico. Más precisamente sacerdote jesuita. “Un día hablando con Rockefeller me preguntó: ¿usted es jesuita? Sí, a mucha honra y cada vez más, le contesté. Si volviera a nacer, volvería a ser jesuita. El espíritu de Ignacio de Loyola (el fundador de la Compañía de Jesús) es el discernimiento. Discernir no es evaluar, ni hacer diagnósticos… es enfrentarse a la ética”. Su presencia y la de otros curas en el gobierno sandinista provocó en su momento fuertes reacciones del Vaticano. Fue rector de la Universidad Centroamericana de Managua entre 1991 y 1997. Ahora goza cuando cuenta que “por primera vez en mi vida estoy en año sabático” en el Boston College de Estados Unidos. “Estoy escribiendo sobre el eslabón perdido entre educación y desarrollo”. Para eso se fue a la India, a ver y a estudiar. Ahora seguirá para China. “Hay reticencia a hablar con los poderosos. Hay que hablar con todos. Muchas veces me dan pena los políticos y los empresarios y me entusiasma un campesino con su sabiduría”. Inquieto, vivaz, menudo, con el pelo totalmente blanco, no deja por un instante de pregonar su esperanza en el cambio “desde abajo”. No es un ingenuo, pero sí un optimista. Define su tarea como “lucha técnica” y reafirma que hoy la educación es un campo estratégico. Se lamenta de no estar “escribiendo todo lo que deseo. Creo que me voy a encerrar en Solentiname a escribir”.

–En varios de sus trabajos usted habla de “globalización desde arriba”. ¿Qué significa ese proceso?

–Ese proceso es producto de una restructuración del capitalismo global y se da en un momento donde la humanidad conoce la mayor centralización y concentración del ingreso de toda la historia, incluso más que en tiempo de la metrópolis y de las colonias. Estamos llegando a un 85 por ciento de los ingresos mundiales en manos de un 20 por ciento de la población, mientras que un 60 por ciento sobrevive con menos de un 6 por ciento de los ingresos. Y esta brecha gigantesca tiende a expandirse. En el año sesenta la diferencia entre el 20 por ciento más rico y más pobre era de treinta a uno; ahora es de sesenta a uno y, si las tendencias siguen así, vamos a acabar el siglo casi con un setenta a uno. Pero, lo más grave es la concentración del conocimiento. Si la riqueza está concentrada a razón del 85 por ciento en un 20 por ciento de la población, la concentración del conocimiento es del orden del 90 al 94 por ciento en el mismo segmento más rico.

–¿En qué se expresa esta concentración del conocimiento?

–En todas las investigaciones. El research and development (investigación y desarrollo) en el mundo está concentrado en los países de la OCDE (la organización que reúne a los países desarrollados) y el resto de los países participa con un 4, un 6, un 8 por ciento según se mire. Hoy el conocimiento es más importante que el capital financiero. Quien controla el conocimiento dirige el futuro y el conocimiento está controlado por una pequeña minoría en el Norte y por una pequeña minoría de países. Por eso la democratización del conocimiento es fundamental y de allí el papel estratégico de la educación y, sobre todo, de las universidades. ¿Cuál es el problema? Que cada vez más la educación y las universidades comienzan a ser controladas desde fuera, como ha sido controlada la producción, la tecnología y los mercados internos. El fenómeno de la concentración de riqueza y conocimiento es todavía dominante, pero desde los 90 para acá se está dando un fenómeno que yo llamo el consenso emergente alternativo.

–¿Qué es el consenso emergente alternativo?

–Sobre todo después de las cumbres mundiales de Río (1992, ecología) y Copenhague (1995, social) se está dando una conciencia que permite, por primera vez en la historia de la humanidad, que las sociedades civiles se encuentren. En Río de Janeiro se encontraron los principales movimientos ecológicos del mundo. Y aquello que habían escrito los intelectuales y los teóricos en la India o en China y que habíamos leído aquí se convirtió en tema de diálogo entre los propios dirigentes de las organizaciones de la sociedad civil. Los indígenas que en el Himalaya se abrazan a los árboles para que no los corten les cuentan a los indígenas del Amazonas su experiencia, y entonces “¡oye! Pero ¡si es lo mismo!”. Y nace el fenómeno “es lo mismo”. Que no es lo mismo porque no se pueden comunicar entre sí, porque necesitan un intérprete, porque parten de culturas distintas. Pero los fenómenos estructurales son idénticos, en medio de una increíble diversidad cultural.

–¿Esa diversidad cultural es una barrera para el consenso alternativo?

–No. Antes pensaban que esa diversidad cultural los dividía. Pero a pesar de las lenguas, de las historias distintas, se sienten hermanados en una cultura semejante, que es la cultura de la resistencia. Existe además identificación en una ética de valores y de intereses comunes, frente a amenazas comunes. Se está gestando una alianza virtual. Evidentemente Internet es parte de todo esto porque está siendo también utilizada por la globalización emergente, que yo llamo la globalización desde abajo, desde adentro y abierta a las culturas, a las diversidades y en contra de la globalización desde arriba, que es cerrada porque provoca la homogenización. Hay fenómenos emergentes que son amplificados por las redes. La “globalización desde abajo” comienza a darse con raíces culturales muy fuertes. En todo se ve una revitalización de la cultura. Incluso en Estados Unidos. Los mexicanos, que antes estaban avergonzados de hablar español y sólo lo hablaban en la casa, ahora han ganado un espacio enorme: hay tiendas, supermercados hispanos. Sin embargo, la diversidad cultural todavía no ha sido integrada como una riqueza de todos y se ven vallas culturales. Esto es un proceso generacional, histórico. Hay un fenómeno de revitalización cultural en todo el mundo que, por otro lado, puede llevar a un fundamentalismo nacionalista o a un fundamentalismo religioso. Esta es la parte negativa de estos procesos que nunca son lineales, que son dialécticos.

–¿Qué otra característica tiene esta “globalización desde abajo”? ¿Cómo se concreta?

–El otro fenómeno es la intercomunicación de estas redes. Las universidades, los movimientos de mujeres se internacionalizan y se intercambian experiencias. Surge un proceso de aprendizaje colectivo de experiencias exitosas. La gente comienza a decir: esto resultó bien. Se intercambian las experiencias y se aprende de los éxitos de otros en diferentes lugares del mundo. A ello hay que sumar que se está dando una integración inicial entre la universidad y la educación popular. Porque la reforma universitaria no se puede hacer desde dentro de la universidad. Necesita tener, por ejemplo, movimientos como “Fe y alegría” que tienen dinámicas y pedagogías que son muy importantes para la universidad y que la universidad tiene que aprender participando de la educación popular. Hay fenómenos muy importantes vinculados con la cultura que comienzan a consolidarse. No es cierto que no haya alternativas; el peligro consiste en que las alternativas sean cooptadas. La gran amenaza de hoy es la cooptación que impida el desarrollo.

–¿Hay poder suficiente para construir estas alternativas?

–No. Pero resulta que los partidos políticos fueron incapaces de ver esto. Hablo incluso de la propia izquierda, del gran fracaso de la izquierda latinoamericana. Por falta de democracia interna de los partidos (estoy hablando del Frente Sandinista, del FMLN y me imagino del mismo PT) y por falta de cultura popular, los partidos se alejaron demasiado de la cultura popular. Pensaron que la conquista del poder estaba en la conquista del Estado. Es el gran fracaso de la izquierda, el gran fracaso de la concepción leninista de la izquierda, que fue estatista y fue leninista antidemocrática. El centralismo democrático nunca fue democrático. Hace falta reconstruir los partidos vinculados con la sociedad civil. De este movimiento de la sociedad civil tienen que salir los partidos. La sociedad civil sola, sin partidos, no va a funcionar. Pero los partidos actuales no le sirven.

–Si la educación es un espacio clave para generar este cambio alternativo, ¿cómo no tener en cuenta que desde los centros de poder, desde el Banco Mundial concretamente, se imponen parámetros para las políticas educativas de nuestros países?

–Es cierto. Dentro del Banco Mundial y del BID se está dando un gran debate, muy importante, sobre educación. Todavía hay una gran cerrazón dentro de estas instituciones para aceptar el “continuo educativo”. Decir educación básica y eliminar la educación universitaria o quitarle fondos a la educación universitaria para dárselos a la básica no es más que ampliar la brecha y reproducir la concentración del conocimiento. Estamos en un momento de incertidumbre, de perplejidad, de complejidad. El pensamiento único está entrando en una crisis fuerte también para ellos. ¿Cómo se reconstituyen las alianzas de intereses comunes, de valores comunes, frente a amenazas comunes? Tiene que ser mediante un proceso de integración de la sociedad civil con los sistemas educativos. Los partidos se tienen que integrar al movimiento de la sociedad civil sin pretender imponer políticas muchas veces cortoplacistas. Por el contrario, este nuevo movimiento es un movimiento a muy largo plazo, es un movimiento geocultural, porque es global pero basado en raíces muy locales, con mucho respeto a la diversidad. El gran drama que tenemos es que, si los poderes fácticos consiguen aplastar o no permiten este tipo de crecimiento y participación de la sociedad civil, podemos llegar a una desintegración social que afecte todo el sistema. Esa amenaza está pendiente. Hoy la lucha ideológica más importante en el mundo es la lucha por la educación. El tema es quién controla la intensidad del conocimiento. Este es el gran debate mundial.

–Mirando el escenario social, ¿cuáles son los actores protagónicos del cambio?

–La estrategia tiene que ser “gloncal”. Tiene que ser: global, nacional y local. Los actores, por lo tanto, son aquellos que tengan la capacidad local de ser exitosos y eficientes, que tengan un marco nacional donde ellos puedan vincularse con el Estado, con los partidos políticos y, a la vez, tengan una visión global. El actor local que pretenda ser exitoso meramente a nivel local no tiene futuro. Tampoco lo tendrá el intelectual que crea que escribiendo un libro a nivel global y ofreciendo una determinada interpretación va a resolver algo. No. La vinculación de los tres niveles de la globalización es fundamental. La universidad tiene que cumplir ese papel de puente integrándose con los actores sociales, con los grupos productivos pequeños, con las ONGs. Yo creo que estamos en un momento esperanzador.