1999 – Internet agrava la distancia entre ricos y pobres

Internet agrava la distancia entre ricos y pobres
El 20% más pudiente de la población mundial controla el 93% de los accesos a la red informática
. Por EMILIO DE BENITO, en El País, Madrid, 12/7/1999.

Algunos de los diagnósticos que presenta el artículo son hoy anacrónicos, otros siguen vigentes.
Fragmentos destacados acerca de las consecuencias de la mundialización:
“La biotecnología es otra de las ciencias beneficiarias de la mundialización. La reducción presupuestaria de los Gobiernos de los países desarrollados durante la última década ha dejado la investigación en manos privadas, y con ello se ha reforzado la normativa sobre patentes. Estos derechos más estrictos sobre la propiedad intelectual suponen un encarecimiento en el trasvase de información de los países más desarrollados al resto. El 96% de las patentes del mundo están en manos de los países industrializados.(…)
(…) El informe denuncia que la investigación farmacéutica está dirigida a los países ricos: sólo un 0,2% del presupuesto se destina a la neumonía, tuberculosis o enfermedades diarreicas, aunque sean enfermedades que afecten al 18% de la población mundial.
Los pueblos indígenas de los países en desarrollo, en cambio, han visto cómo sus conocimientos y sus plantas han sido utilizadas por la industria sin el pago de ninguna clase de derecho de propiedad.”

Internet agrava la distancia entre ricos y pobres
Las desigualdades entre ricos y pobres en el mundo siguen creciendo, según el último informe del Proyecto de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo (PNUD), que se publica hoy. Dos de las grandes esperanzas para reducir esas distancias -Internet y la globalización- están por el momento consiguiendo el efecto contrario al agravar la brecha. En su décimo documento sobre desarrollo humano desde 1990, la ONU evalúa con preocupación la situación de 174 países, utilizando índices que reflejan directamente, más allá de los parámetros macroeconómicos, las condiciones de vida de los ciudadanos del mundo, entre ellos la salud, la educación, la pobreza y la situación de la mujer y las minorías.
Lejos de extender el acceso a la información y las comunicaciones a toda la población mundial, Internet está incrementando, con una gravedad sin precedentes, las desigualdades entre países pobres y ricos, entre capas sociales favorecidas y marginadas e incluso entre grupos étnicos y minorías dominantes y dominadas, según denuncia el último Informe sobre Desarrollo Humano de la ONU.
El desarrollo de Internet es enormemente desigual entre los países. El 20% más rico de la población mundial acapara el 93,3% de los accesos a Internet, frente al 20% más pobre que apenas tiene el 0,2% de las líneas. España ocupa el puesto 27º con 6,26 accesos a Internet por cada mil habitantes, muy por detrás de los 108 de Finlandia, que ocupa el primer puesto. Es normal que en Bangladesh haya menos de un internauta por cada mil habitantes, ya que un ordenador cuesta el sueldo medio de ocho años de un trabajador de aquel país, mientras que en EE UU el precio del mismo aparato equivale al sueldo mensual medio de un trabajador.
Las diferencias no son sólo entre países. Apenas un 2% de cada región o sociedad se ha incorporado a la red. “El ingreso compra acceso”, señala la ONU. En el Reino Unido, el 90% de los usuarios gana más de nueve millones de pesetas al año. También la formación es una barrera: al menos el 30% de los internautas del mundo tienen título universitario, porcentaje que llega al 70% en el caso de algunos países como Irlanda.
Hombres jóvenes
Otras tres características sociales de los conectados a la red son también reveladoras: son hombres (lo son el 72% de los usuarios estadounidenses, el 84% de los rusos y el 93% de los chinos), jóvenes (su edad media es de 36 años en EE UU, y de menos de 30 años en China y Reino Unido) y hablan inglés, ya que es el idioma usado en el 80% de las páginas web, y ello a pesar de que sólo un 10% de la población mundial se maneja en ese idioma.
Junto a las capas sociales más favorecidas, otros de los grandes beneficiarios de la rapidez que proporciona Internet son las bandas de criminales organizados, que mueven más de 225 billones de pesetas al año.
Con estas condiciones, la red se ha convertido en una tela protectora para aquellos que consiguen acceder a ella, pero en una barrera que margina cada vez más a quienes no pueden acceder a esta fuente de información y comunicación.
Ante la evidente utilidad de esta tecnología, la ONU propone buscar formas de extender el acceso a la red, siquiera parcialmente, a todas las capas sociales. Para ello sugiere la creación de conexiones compartidas (en ayuntamientos, oficinas de correos y bibliotecas de las zonas rurales o más pobres), y formar a las comunidades o sus representantes en su uso. Para financiar esta expansión, el informe propone un impuesto sobre bytes. Aun gravando muy ligeramente la transmisión de datos (1,5 pesetas por cada 10.000 bytes de información transmitidos), se calcula que en 1996 se podrían haber recaudado más de 10 billones de pesetas, más dinero que el destinado a ayuda a desarrollo en todo el mundo. La idea es “hacer que las comunicaciones mundiales lo sean auténticamente”.
Internet ha roto barreras de precio y tiempo en las comunicaciones. El avance de su productividad ha sido tal que, si la industria del automóvil hubiera experimentado el mismo crecimiento, un vehículo costaría hoy menos de 500 pesetas. Las ventajas de la red son claras. Cuesta más de 11.000 pesetas enviar un documento por correo que tardará cinco días en cruzar África. Hacerlo por correo electrónico cuesta menos de 35 pesetas y se tarda menos de dos minutos.
Otras tecnologías
La biotecnología es otra de las ciencias beneficiarias de la mundialización. La reducción presupuestaria de los Gobiernos de los países desarrollados durante la última década ha dejado la investigación en manos privadas, y con ello se ha reforzado la normativa sobre patentes. Estos derechos más estrictos sobre la propiedad intelectual suponen un encarecimiento en el trasvase de información de los países más desarrollados al resto. El 96% de las patentes del mundo están en manos de los países industrializados.
Esta privatización aumenta los riesgos de marginación y vulnerabilidad de los países en desarrollo. Se gasta más en investigación cosmética que en encontrar una vacuna contra el paludismo; más en encontrar tomates de lenta maduración que aguanten mejor en las tiendas que en desarrollar semillas resistentes a la sequía para tierras marginales.
El informe denuncia que la investigación farmacéutica está dirigida a los países ricos: sólo un 0,2% del presupuesto se destina a la neumonía, tuberculosis o enfermedades diarreicas, aunque sean enfermedades que afecten al 18% de la población mundial.
Los pueblos indígenas de los países en desarrollo, en cambio, han visto cómo sus conocimientos y sus plantas han sido utilizadas por la industria sin el pago de ninguna clase de derecho de propiedad.
El Informe sobre Desarrollo Humano, que este año tiene como lema la Humanización de la mundialización, empezó a publicarse en 1990, y hace cada año un seguimiento de diversos parámetros que intentan evaluar el desarrollo humano, la situación de la mujer y la pobreza en 174 países.
Globalización o mundialización designan la mayor interdependencia entre todos los países y sociedades del mundo, pero “la interdependencia cada vez mayor de la gente requiere valores y un compromiso compartido con el desarrollo humano”, según la ONU.

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